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Bassirou

manosSe llama Bassirou. Por circunstancias que no vienen al caso, intimé con él más que con el resto. Bass en nada se distinguía de los demás, desaparecía en el conjunto. Su historia es común en Senegal; es la historia de cualquiera, al que un día la curiosidad lo lleva a cruzar con otros cientos el océano, en un cayuco, con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Sus primeros recuerdos son de felicidad. Un padre, una madre y él; el tercero de cuatro hermanos.

Muy pronto la vida le haría tomar consciencia de lo cruda que puede llegar a ser la realidad. El primer puñal fue la muerte de su padre cuando aún no tenía cinco años y la boda de su madre con su “Segundo padre” –como él lo llama-; un señor con posibles que podía mantener a la familia de Bassirou y a tres familias más. Este señor tenía cuatro mujeres.

Cuando Bass tiene siete años, aparece un hombre por la casa que viene a cumplir el trato que años atrás había pactado con el padre biológico del niño. Pese a las súplicas y llanto de la madre, el Segundo padre entrega a Bassirou para que aprenda Corán en la casa del Desconocido. Al parecer es una práctica muy extendida en Senegal. El Desconocido a su vez, mandaba a sus propios hijos a estudiar Corán a otras casas. La justificación es que de esta manera el aprendizaje está exento de distracciones y miramientos y seguramente será más efectivo. Comienza la segunda difícil etapa del niño…

Bass convive en la casa con varias decenas de niños más, que están allí por lo mismo. Se levanta todos los días a las siete de la mañana a pedir limosna por la calle. Vuelve a las diez y entrega lo recaudado al Desconocido. Estudia Corán hasta la hora de comer y vuelve a la calle, a llamar a las puertas para obtener su comida. Así día tras día hasta que, transcurrido un año aparece el Segundo padre a comprobar los avances intelectuales del pequeño. Decide que no son suficientes y se lleva a Bassirou.

Esta vez lo deja en el campo, en la casa de un Patrón para que colabore en las tareas agrícolas. Allí aparte de otras muchas, su peor pesadilla será el hijo del Patrón. Da igual lo que haga, las palizas son constantes y nadie lo defiende… En la época de lluvias, si vienen acompañadas de tormenta y los pilla trabajando en el campo se quedan paralizados, agachados, sin moverse. No buscan el cobijo de un árbol porque saben que es donde apunta el rayo. Y no pueden mover el pie de donde lo tienen porque hay riadas por todas partes que podrían acabar con su vida. Así pueden pasar la noche…

En casa del Patrón estuvo hasta los trece años. En unas vacaciones en las que le dejaron ir a su casa coincidiendo con la fiesta Touba, decidió que lo que él quería era probar suerte en Europa. Un amigo de su hermano mayor, le prestó los 600 € que costaba su plaza en el cayuco –este negocio merece otro post- y en menos de una semana emprendió el viaje hacia Tenerife junto a otros tres cayucos más. Sólo llegó el de él…

Esta nueva etapa de su vida dura 9 años. La “buena vida” no fue tal…

Bassirou en unos días, retorna a Senegal. Cuando llegue, en su casa encontrará a las cuarenta personas que hoy son su familia. A muchos de ellos no los conoce…

A su familia directa y a algún amigo muy íntimo les hablará de la realidad de Europa, de sus dos meses en el CIE (Centro de Internamiento para Emigrantes), de su viaje de vuelta a Senegal hace un tiempo, en el que sobrevoló Dakar durante dos horas sin poder aterrizar y la impotencia que sintió al ver como el avión regresaba a España; al infierno… A los demás, les dirá que en Europa se vive bien. El orgullo senegalés es muy grande. Casi tanto como el gallego…

A Bassirou le deseo que pueda montar su negocio de “ruedas”, que encuentre a esa chica con la que desea formar una familia, y que todo lo aprendido en su corta vida sirva para que sus hijos vivan mejor y ayuden a construir la dignidad que Senegal se merece. De corazón!